miércoles, abril 26, 2006

Fahrenheit 451

Novela publicada en 1953 por Ray Bradbury. El título Fahrenheit 451 hace referencia a la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde.

El libro fue publicado por primera vez 1953, para criticar la censura de libros en Estados Unidos, como resultado de la "caza de brujas" del senador McCarthy, al igual que la quema de libros en la Alemania Nazi en 1933 y el lanzamiento de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki.

Los contenidos que éste revela no tienen desperdicio. Seguro que a más de uno le suenan:

“Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo IOWA el año pasado. Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos «hechos» que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trata de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario.”

“Si están ocupados, los mantendremos felices”

“Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay necesidad de pensar, ¿eh? Organiza y superorganiza superdeporte. Más chistes en los libros. Más ilustraciones. La mente absorbe menos Y menos. Impaciencia. Autopistas llenas de multitudes que van a algún sitio, a algún sitio, a algún sitio, a ningún sitio. El refugio de la gasolina. Las ciudades se convierten en moteles, la gente siente impulsos nómadas y va de un sitio para otro, siguiendo las mareas, viviendo una noche en la habitación donde otro ha dormido durante el día y el de más allá la noche anterior”

Han transcurrido 53 años desde entonces. Sorprende el paralelismo que existe con nuestra excelsa “Sociedad de Bienestar”.

Una vida más cofortable

La conciencia de los individuos de la sociedad del bienestar es feliz, satisfecha, cree que todo está bien y le agrada ver que el Estado satisface sus necesidades. Vive en conformismo, sin remordimientos. Hay guerras en la periferia, donde se mata y se tortura, pero en la metrópoli todo es felicidad. Las sociedades opulentas absorben toda contradicción. Marcuse se fija especialmente en el lenguaje que usa esta sociedad, un lenguaje basado en clichés (“libre empresa”, “construcción socialista”, etc.), estereotipado, funcionalista, que impide pensar las cosas. Así sucede en las formas actuales de neoliberalismo y neoconservadurismo. Ya no hay pensamiento con carga ontológica y universal.

Las primeras industrializaciones se proponían liberar al hombre de las necesidades vitales, con un futuro horizonte de libertad. Pero la moderna sociedad industrial avanzada ha creado un sistema que impone de modo homogéneo a todos una serie de necesidades artificiales, cambiantes, ante las cuales el individuo queda encadenado. Su libertad ficticia es la libertad que se tiene en un supermercado, que consiste en elegir los bienes de consumo que se le ofrecen. Estamos ante una sociedad “unidimensional”, que reduce el hombre a ser una pieza en medio del mercado y los bienes de consumo. Somos puros instrumentos de una productividad al infinito. Nuestro único sueño es una vida más confortable.

Síntesis de algunas ideas de Herbert MARCUSE.