martes, febrero 28, 2006

Reflexiones Galeano

Entrevista a Eduardo Galeano.

¿Cómo entiende usted la identidad cultural?

Es muy difícil hablar de identidad de forma breve, creo que se ha universalizado este concepto en los últimos años, lo que me parece muy limitado. Diría que reduce la identidad a un asunto de museo y yo creo que sobre todo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos, o sea, creo en una identidad en movimiento, creo en una identidad viva y creo más en las identidades elegidas que en las entidades heredadas en una región del mundo como es América Latina.

¿En consecuencia, se elige la identidad?

Depende del caso, hay que tener una noción de identidad muy flexible que además no nos impida olvidar que somos diversos y que somos universalidad porque la condición humana es una y muchas y eso es lindísimo que ocurra. Lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que el mundo contiene. Por suerte somos diferentes, por suerte somos diversos, pero también hay valores comunes al género humano que se han ido transmitiendo de diferentes maneras, de generación en generación.

Pero hay mucho chauvinismo de rechazo a ese argumento, porque hay sociedades que se encierran en su propia cultura y en su propio mundo...

Claro, lo que pasa es que eso también ocurre como una actitud defensiva, en muchos casos fanática y ciega, a la globalización que impone una suerte de "uniformización" de la cultura a escala mundial. A veces se dan esas reacciones que suelen ser de fanatismo religioso o de aislamiento cultural que en ciertas oportunidades se explican, no digo que se justifiquen, pero se explican como respuestas a esta especie de "uniformización" obligatoria en la época de la gran hamburguesa planetaria.

En referencia al proceso de involución

Recuerdo que cuando escribí Las venas, a finales de 1970 había una cierta unanimidad universal en torno a algunas cosas elementales: la pobreza era resultado de la injusticia, lo proclamaba la izquierda, el centro lo admitía, la derecha no lo discutía. Había pobreza porque había injusticia, un reparto injusto de los panes y de los peces. Treinta años después ya quedan muy poquitos que digan que la pobreza es resultado de la injusticia. No digamos en la derecha o en el centro pero hasta en la izquierda ha prosperado esta suerte de certeza de fin del siglo XX y comienzos del siglo XXI de que la pobreza es el castigo que la ineficiencia merece y por lo tanto no es el resultado de la injusticia, es un acto de justicia. Se jode el que no trabaja o el que no sabe defenderse y el que no sabe competir y el que no es eficiente ni rentable. En ese sentido me parece que hay un retroceso, sí, se ha involucionado en la concepción de ciertas cosas que en aquella época eran de cajón, que nadie las discutía porque parecían que eran evidentísimas y ahora todo eso ha cambiado, este mundo es mucho menos solidario de lo que era el mundo del año 70, se han roto mucho los vínculos de solidaridad entre las personas, entre los pueblos, en gran medida porque como que hay una dispersión de esfuerzos, esta cosa unánime hoy por hoy de arréglate como puedas, de cada cual a lo suyo. Las venas abiertas es un reflejo de su época, de su momento.

Los héroes

Para mí los grandes héroes no son los que están inmortalizados en el bronce o en el mármol sino que son las gentes anónimas, desconocidos que practican el heroísmo de la vida cotidiana y que son capaces de no sacrificar sus ideas, sus convicciones, sus principios, en función de sus conveniencias. Un gran héroe es un hombre que se levanta a las seis de la mañana, que trabaja doce, catorce, quince horas y que sin embargo sigue siendo leal a ciertos principios, a ciertos valores, y que no se ha dejado convencer de que sólo se vive para trabajar e intenta trabajar para vivir, es decir, que no ha perdido de vista que el fin de la vida humana no es convertirse en hormiga.

En referencia al dolor agregado

¿El dolor agregado qué es? Simplemente es el dolor evitable porque la condición humana es al mismo tiempo luces y sombras. Estamos condenados al dolor y al amor, pero hay dolores que no provienen ni de la pasión humana ni de la muerte, que son los dolores que son agregados por un sistema enemigo de la gente y de la naturaleza que tiene que ver con el funcionamiento desigual del mundo. Yo creo, en concreto, que este proceso de imposición de valores universales centrados en la mercancía y en la rentabilidad implica un envenenamiento del agua, de la tierra, del aire, pero también del alma [...] Pero el problema del valor agregado es otra cosa, ocurre cuando un sistema incorpora dolor al dolor, y claro, la educación cumple un papel importantísimo, sin embargo la gran dificultad radica en que hoy por hoy la educación deseduca porque está en manos de los grandes medios de comunicación que lamentablemente están, a su vez, al servicio de la incomunicación humana. Tenemos ahora quinientos, mil, un millón de posibilidades de elegir entre lo mismo y lo mismo, y los medios dominantes de comunicación son transmisores del sistema de valores que genera el dolor agregado, o sea factores de violencia, la cultura de la muerte, valores de consumo que nos están repitiendo tú eres lo que tienes, tú eres lo que compras, todo en nombre de una presunta objetividad.