Inmigrantes Sí

Los españolitos no somos xenófobos. Últimamente tengo que escuchar las frases inconscientes de sujetos que enarbolan la bandera en favor de los ‘empobrecidos’. Hablan de otorgar medios y recursos a los países más pobres para llegar a mitigar las desastrosas consecuencias que están soportando. Con vehemencia, critican a los gobiernos por la pasividad que demuestran ante las cifras de muertes que, por inanición, inundan los periódicos. Promueven con fervor la ayuda comunitaria y la solidaridad con las naciones más afectadas. Sin embargo, y esto es lo más grave, demuestran una subyacente ambivalencia en lo que se refiere al compromiso que postulan. Me explico. Al mismo tiempo que exhortan al populacho en el auxilio colectivo, manifestando un inquebrantable compromiso individual, continúan indecorosamente sin levantar el pie de la cabeza del oprimido. Es decir, pretenden ayudar a los despojados del sistema pero rechazan al inmigrante del modo más abyecto. Y digo yo: ¿quiénes conforman el ingente colectivo de pobres que abarrotan los medios de comunicación? Que yo conozca, no poseen la nacionalidad española, sino que pertenecen a diversas etnias desperdigadas por el globo. Por poner un ejemplo: la mayoría de estos depauperados ostentan la ciudadanía africana, y muchos de éstos, especialmente los del noroeste del continente (Senegal, Sahara Occidental, Marruecos, etc.), se organizan para emigrar a la suntuosa Europa, tierra de oportunidades.
Precisamente, esta difícil decisión de abandono de su entorno está determinada por las misérrimas condiciones de vida que día a día deben soportar, por lo que, su único objetivo se encamina a alcanzar una respetable situación de bienestar para el susodicho y su familia. Porque, lo cierto es que, a ninguno de los que inician el inescrutable éxodo le produce ninguna satisfacción abandonar su tierra, sus amigos, familia e inmanentes raíces. Si se acometen este tipo de audaces designios, no es por mero capricho, sino por la búsqueda incesante que todo ser humano persigue: la felicidad recíproca de su grupo, que indefectiblemente va de la mano de sueños y esperanzas. ¿Es muy distinto de lo que queremos para nosotros mismos? Por desgracia, y en el caso al que me refiero, las mencionadas virtudes se acompañan de una extenuante desesperación por la falta de expectativas socavadas por las miserias que sufren cada día.
Por supuesto, nuestra falaz preferencia aboca a que se les auxilie; pero es una ayuda condicionada, ya que nuestro mayor deseo es que permanezcan allí, en su país. El primer requisito furtivo es que no incomoden, que no aparezcan por aquí. No deseamos que se inmiscuyan en nuestro entorno de opulento despilfarro. ¿Cómo se puede ser tan miserable? ¡Queremos solucionar el problema de la pobreza condicionándolo al aislamiento absoluto! ¿No estamos dispuestos a socorrer al necesitado, hipócritas? ¿No será más conveniente ofrecer una forma de vida mejor al oprimido, integrándole en nuestras excelsas sociedades? ¿Qué mejor sistema que el nuestro para mitigar a corto plazo el sufrimiento del falto de recursos? Nos exasperamos porque el dinero que se concede a las ONG no llega a los países pobres, siendo inútil la resolución de sus dificultades. Pues, entonces, ¿qué problema existe en proporcionarles una vida digna entre nosotros bajo pago justo del sudor de su trabajo? ¿No parece razonable? La solución no está en donar dinero para redimir el sentido de culpa. La solución está en ayudar al audaz inmigrante a integrarse a nuestro sistema. Porque no hay que olvidar que los valientes de esta historia son ellos. Nosotros no somos más que unos cobardes rebosantes de vanidad y arrogancia, que protegidos por un sistema coercitivo generador de desigualdad, nos sentimos entronizados.
El problema es que la hipocresía nos devora las entrañas. En apariencia vamos de modernos arrogando la mediática acepción de tolerancia, pero toda esa verborrea con boca chica está coaligada a una subrepticia actitud insolidaria. ¿De qué tenemos miedo. De que nos arrebaten lo que nuestra plutocracia les ha expoliado durante siglos? ¿No vamos de condescendientes con los que cruzan el charco? ¡Condescendiente! ¿Alguien certeramente conoce el significado de esta palabra en el contexto que trato? ¿Y empatía? No, por supuesto que no. Nadie se instala en las vívidas experiencias de un inmigrante, porque si se hiciera, no se pensaría como se piensa. A muchos de los afortunados que creen haber hecho meritos para vivir donde viven, no les vendría mal un trueque de vidas, un cambio geográfico, una experiencia sin duda edificante.
Qué cómodo es criticar cuando, sin elegir, se ha recibido una buena educación; cuando se ha crecido entre amor y comprensión. Donde, gracias a la información se ha podido combatir la endémica ignorancia. Como señalo, los favorecidos geográficamente, o sea, nosotros, partimos de una inicua posición. No tenemos en consideración la falta de recursos del “invasor”, “peru”, “guaca” - como lo llaman algunos - y las carencias que éste presenta. Exigimos integración: ¿seríamos nosotros capaces de integrarnos a las sociedades desarrolladas con la carestía que manifiestan los inmigrantes? La verdad, no lo creo.
Aunque sólo sea por redimir la conciencia de las injusticias cometidas, somos responsables de facilitarles la integración.
Acotando en las injusticias a África, por eso del "charco", no se puede olvidar que:
-El crimen contra África es demasiado grande, fue cometido por demasiada gente, a lo largo de demasiado tiempo. El daño ocasionado por Europa y Norteamérica se dio en cuatro fases. La primera fue el periodo de esclavitud, 1450 – 1850. La segunda fue el periodo de colonización, 1850 – 1960. la tercera fue en la independencia temprana, 1960 – 1980. La cuarta fue en el periodo de ajuste estructural, de 1980 a la actualidad.
-El comercio de personas por esclavización fue de 12 millones, además de 2 millones que murieron en el camino y 7 millones muertas antes del embarque al nuevo continente, totalizando alrededor de 21 millones entre los años 1650 y 1850.
-Las posesiones coloniales de los europeos se produjeron de forma violenta. La conquista del Congo (Leopoldo II) mató a millones de personas en favor de la explotación de recursos naturales. El periodo menos sano de la historia africana fue el de la era colonial, comprendido entre 1890 y 1930.
-Todo el beneficio económico era transferido a Europa. El colonialismo destruyó la economía africana y el sistema agrícola.
-Cuando algunos líderes africanos intentaron emprender un camino de desarrollo independiente, fueron derrocados por golpes apoyados desde occidente.
Para Sudamérica, otro de los grandes marginados, mejor leer a Eduardo Galeano.
Salud.


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