Propuesta para terminar con la pobreza

¿Por qué se concede tanta importancia en dirimir los problemas del hambre y pobreza en el mundo cuando los que más fuerza ostentan, me refiero a los medios de comunicación, soslayan cuestiones tan importantes como éstas?
Los medios de comunicación no abordan con rigor los orígenes y soluciones de la pobreza como debieran. Lo cierto es que, en el mundo en que vivimos, estos temas no venden ni interesan a las audiencias. Lo que verdaderamente interesa es la promoción de nuestra execrable sociedad de consumo; la inalcanzable meta de la estabilidad económica; la necesaria competitividad dirigida a sustentar el sistema, premisa que aboca a la desaforada productividad; la ficticia justicia que sólo defiende a una pudiente minoría, pero que, sin embargo, nos hace partícipes a todo el conjunto.
El adoctrinamiento de las conciencias es un reto a conquistar. Algunos, atribuyen el cincuenta por ciento de la culpa a la ciudadanía. Nada más me quedaba por escuchar. ¿Nosotros los culpables? ¿En nuestras manos está parte de la solución? ¡Nosotros!, los gregarios del sistema; los obnubilados por el consumo; los manipulados por los afianzados y abrumadores poderes fácticos. Ahora, exhiben la solución de la pobreza como una cuestión insoluble, cuando es incierto. Y esgrimiendo esta falacia pretenden hacernos copartícipes del problema.
Luchamos, como Darwin postuló, por adaptarnos al sistema que se ha generado, que no es poco. Ardua es la incorporación al mercado laboral en unas condiciones mediocres, al acceso a una vivienda asequible y digna, a la integración en una sociedad esnobista que desplaza al que se sale del patrón establecido, etc. Nuestro cupo de problemas ha sido desbordado. Con todos los medios a nuestro alcance luchamos simplemente por sobrevivir: por ocupar un lugar en esta corporación social; por buscar un hueco. Eso sí, víctimas del engaño, obtenemos suculentas prebendas que supeditan nuestros lamentos a la soledad del silencio. Es cierto, y lógico por otro lado que, aunque las quejas sean más por vicio que por carencia, cada grupo social se desengaña de la situación a la que pertenece, sea rico o sea pobre.
Somos y hacemos lo que impulsan pertinazmente nuestras fuentes de información. No existe posibilidad de cambio. De la misma forma – por poner un ejemplo - que una persona aislada, sola, no puede solucionar la injusticia laboral en una empresa determinada, tampoco puede paliar la extrema pobreza al contribuir mediante una ínfima limosna. Las cosas no funcionan así, por mucha elocuencia y verborrea con que se exponga el asunto. Es necesaria la cohesión social, cuya capacidad organizativa sólo la ostenta el elenco de políticos que nos representa.
Voy a proponer una solución para mitigar en parte tan sofisticado problema:
Digamos que en un golpe de suerte, el gobierno, tan comprometido con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), consigue reunir a televisión, radio, diarios y medios de adoctrinamiento en general. Y entre todos pactan trabajar recíprocamente con un único objetivo: lanzar una campaña de concienciación y compromiso que se circunscriba a la manipulación emocional de la ciudadanía.
Las primeras planas de los diarios, así como radio y televisión, coparán el poco tiempo libre de que disponemos para sensibilizarnos a través de escalofriantes estadísticas y truculentas imágenes. Algo así como las fotografías de los niños amputados por los bombardeos de la guerra de Irak; las violaciones en África de las pequeñas que aún no han perdido la inocencia; los afectados por enfermedades endémicas plenamente remediables; los afligidos por desastres naturales; los cadáveres de Pakistán, Sudán, Angola, Etiopía, Ruanda, etc.
Otra vertiente informativa podría estar dirigida a las causas que originan la pobreza. O sea, al expolio injustificado de las potencias que, en estos momentos desarrolladas, otrora fuimos verdugos. Al número de muertes derivados por medidas expeditivas cuando esquilmábamos recursos naturales de inermes naciones. Al flagrante robo que se está cometiendo en nombre del neoliberalismo y la globalización. Por añadidura, asimismo, se abarcarían las posibles soluciones a este respecto, elaborando un conjunto de medidas que diriman el angustioso problema sin exonerar a ningún estado desarrollado.
Estas medidas que preconizo procurarían un resultado inmediato. Hemos experimentado en nuestras carnes las campañas solidarias para paliar las consecuencias de un desastre humanitario. Los resultados están ahí, son evidentes: cuando los medios informativos apelan a la sensibilidad de los ciudadanos, sin mucho esfuerzo, se obtienen ingentes beneficios. Una de las empresas mejor concebidas de la historia ha conseguido mantenerse dos mil años esgrimiendo las emociones de las personas; me refiero a la Iglesia Católica. El mismísimo Hitler analizó en profundidad el sistema de manipulación eclesiástico: una máquina perfecta.
¿Qué hace pensar que esta proposición no pueda funcionar? Es más, se podrían conseguir avances inestimables a corto plazo relativos a las carestías alimenticias en los países más afectados. Sin embargo, los efectos serían desastrosos para la máquina imperialista. ¿Se imaginan si un alto porcentaje de nuestros impuestos y del PIB del país fueran destinados a solucionar el hambre del mundo? ¿Se imaginan una manipulación emocional en detrimento del control consumista existente en estos momentos?
Un 20% de la población mundial detenta el estatus director. Nada ni nadie podrá desbancar a la plutocracia reinante de esta posición. Como en decenios que no vienen al caso, ya no se reprime al individuo con dureza; la máquina se ha perfeccionado. Somos estrechos colaboradores de la opulencia generada al someter a continentes enteros. Sufrimos la ignominia del sobornado.
Que nos aproveche.


1 Comentarios:
Respuesta para aprenderporobligacion.
Creo que en la cuestión relativa a la insensibilización de las campañas de tráfico no he sabido transmitir lo que en realidad pretendía. No llegamos a entendernos del todo. Sin embargo, tengo el convencimiento que refutamos cuestiones en las que pensamos análogamente; sólo nos distanciamos en pequeños matices. Creo recordar que fue Einstein el que señaló que, “Una velada en que todos los presentes estén absolutamente de acuerdo es una velada perdida”.
Me ha sorprendido la vehemencia con la que rebates; y me gusta porque me identifico con ella. También soy de los que me sobrecogen los arrebatos cuando intento expresar cuestiones en las que creo – injustificadamente y por vanidad- tener una opinión perentoria. Tu enérgica respuesta indica que eres una persona concienciada y preocupada por la causa que analizamos. Nuestro intercambio, por mucho que disintamos el uno del otro, propicia siempre un efecto positivo en nosotros. Hay personas que no lo aprecian, ya que el orgullo se apodera de su raciocinio; pero sin un intercambio crítico no existe evolución intelectual.
Respondiendo a tu última alusión:
Parece ser – no te sientas aludida - que la propuesta del BLOG no se analiza en su totalidad. Alguna de las personas que ha respondido, no entienden la reflexión en su conjunto. Se circunscriben a una frase taxativa y no a la idea en general. Se soslayan las premisas más importantes. Cuando expongo la proposición principal, estoy asumiendo que estamos manipulados en favor de un consumo desaforado. Menciono la falta de concienciación mermada por el estado obnubilado en el que nos encontramos. Además, y como colofón a la misiva, advierto la imposibilidad de las medidas que propongo: la máquina imperialista nunca permitiría llevar a cabo estas formulaciones. El 20% no será desbancado. Y recalco, el precio que hay que pagar por el soborno que hemos aceptado.
La enjundia de la misiva se encuentra en la reflexión exhaustiva de estas premisas, no en la propuesta en sí. El objetivo apuntaba a que cada lector realice una introspección de estas conductas, que por desgracia, revelamos todos.
Citas que nuestro papel como fuerza motriz es fundamental. No es que sea fundamental. En mi opinión, es la única alternativa que existe. Como muy bien dices, podrá ser utópico; podrá ser ingenuo; existirán dudas razonables respecto al enigma del movimiento de masas, no lo dudo; es posible incluso, que el brazo director pueda terminar por degradarse y prostituirse, de acuerdo. Pero sin la masa organizada no hay solución posible. Necesito creer en la quimera, aunque no sea plausible. Cristina… dices que confío demasiado en la solución que propongo. ¿En qué voy a confiar? Nadie postula una solución mejor. Hablas de analizar el origen del problema, del equilibrio, de la distribución y la búsqueda de soluciones. Hablas de hacernos preguntas para llegar a la solución real, de profundizar en las causas primigenias. Sí, estoy de acuerdo, pero, ¿cómo se llega a conseguir eso? Está claro que no llegamos aun conociendo los motivos. Sólo se podrá alcanzar presionando a nuestros gobiernos. ¡Es una utopía, sí!; pero, ¿conoces otra alternativa posible? Yo no la conozco, y, no quiero pensar que el problema es insoluble: me resisto por que soy un idealista.
Soy el primero que asumo que ningún gobierno o nación va a profundizar en la consecución del problema. Sólo a través del pavor que experimentan nuestros dirigentes por las exigencias de las masas, se puede organizar un compromiso global. En los tiempos que vivimos se conocen las razones y las soluciones del problema perfectamente, es imperativo abarcarlas. Son necesarios compromisos e inversión. ¿Cómo vamos a conseguirlo? ¡Cómo! Tú hablas que la sensibilización que propongo es ilusoria, y verdaderamente lo es. No obstante, prefiero buscar el cómo se puede alcanzar, por muchos handicap que haya que franquear. Creo que esta propuesta ilusoria es la que más se aproxima a la inalcanzada solución.
Algunas amistades exhortan a participar en proyectos humanitarios. Abogan por la ayuda individual como una posible solución. Atribuyen a la suma de sinergias una posible mejora en las condiciones degradantes. Promulgan: “mejor es colaborar con poco que con nada”. Tienen toda la razón. Sin embargo, las estadísticas están ahí, son un hecho. Las diferencias se acrecientan entre pobres y ricos; crecen los índices de mortalidad por inanición, y continúan muriendo las mismas personas. Estoy de acuerdo en que la solución nace de uno mismo, aunque sea por redimir la culpa moral de cada uno; pero no se consiguen objetivos cuantificables. La alternativa individual propicia un crecimiento en nuestro compromiso, pero aumenta nuestra indignación. La estéril concienciación individual necesita organizase.
Otra cosa. Estoy de acuerdo con Hobbes en que la cooperación debe ser impuesta por el estado. Recuerda, que en mi propuesta enfatizo – aunque ésta no se pueda realizar- que el impulso inicial corresponde al gobierno y los poderes fácticos. Asimismo, me suscribo a la visión pesimista de Hobbes referente a que el hombre es un lobo para el hombre. Soy sabedor de la sempiterna condición del hombre, sólo hay que mirar a nuestro alrededor; sin embargo existe en la conmiseración un resquicio para la esperanza. Schopenhauer señala:
"No hay más que tres resortes fundamentales de las acciones humanas, y todos los motivos posibles sólo se relacionan con estos tres resortes. En primer término, el egoísmo, que quiere su propio bien y no tiene límites; después, la perversidad, que quiere el mal ajeno y llega hasta la suma crueldad, y últimamente la conmiseración, que quiere el bien del prójimo y llega hasta la generosidad, la grandeza del alma. Toda acción humana debe referirse a uno de estos 3 móviles, o aun a dos a la vez."
"Sólo la conmiseración es el principio real de toda justicia libre y verdadera. La conmiseración es un hecho innegable de la conciencia humana; es esencialmente propia de ésta y no depende de nociones anteriores, de ideas a priori, religiones, dogmas, mitos, educación y cultura."
Necesito creer.
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