La potencia represiva de la sociedad de consumo.
La esclavitud del consumidor ante la escalada de necesidades y de las mercancías, así como la constante creación de nuevas necesidades, exacerban las contradicciones dentro del sistema y requieren ineludiblemente la intensificación de los controles represivos[…]. Esto se traduce por la producción acelerada de un vasto desperdicio, la caducidad planificada, los gadgets y la mercancía de destrucción. Los lujos se convierten en necesidades que tanto hombres como mujeres deben adquirir para no perder el estatus en el mercado competitivo, en el trabajo o en los momentos de expansión. Todo esto lo leva a la perpetuación de toda una existencia condenada a actuaciones enajenantes, deshumanizadas; condenadas a la obligación de lograr un poder adquisitivo mediante un empleo que reproduce la esclavitud y el sistema esclavista.
Herbert Marcuse.


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