El templo de las nuevas libertades
El Templo, el lugar sagrado donde se desarrolla el culto a los nuevos iconos es el Centro Comercial, catedral que se erige a la gloria de todos los consumos contemporáneos. En esos nuevos centros de fervor ("Centros de Vida") se elabora la misma sensibilidad para todo el planeta, ésta se concibe mediante logos, marcas, objetos, carteles, fiestas, etc.
En los EEUU existen más de 43.000 centros comerciales - de los cuales 1.800 están bajo techo - y el 85% de los turistas extranjeros que visitan el país declaran que su objetivo principal es ir de compras. En el centro comercial América en Minneapolis, el mayor del país, atrae cada año más visitantes que Disneyland, la casa del museo de Elvis y el Gran Cañón del Colorado todos juntos.
Estos modelos fueron implantados en el mundo entero, y a veces, en Canadá y en Japón por ejemplo, fueron superados; se convirtieron en "centros de animación y de distracción". Todo ello se acompaña por una retórica seductora de libre opción y de libertad del consumidor; martillada por una publicidad obsesiva y omnipresente - los gastos por concepto de publicidad en EEUU anualmente se elevan a más de 200 mil millones de dólares - tanto sobre los símbolos como sobre los bienes.
La gestión de marketing es tan sofisticada que no sólo aspira a vender una marca sino una identidad, no un signo social sino una personalidad. Según el viejo principio del individualismo que podría formularse de la siguiente manera: tener es ser.
Todas estas “técnicas tendentes a engañar la opinión” tienen en la actualidad, a partir de la revolución numérica, un auge formidable […] Nos presentan distracciones a sin cuento, golosinas para llenarnos los ojos; todo para dejarnos beatos, eufóricos y felices.
Como decía Huxley en un Mundo Feliz, en una época de tecnología avanzada, la propaganda secreta disponía de miles de medios ultrasofisticados para influenciarnos y que había mayor peligro para las ideas, la cultura y el espíritu, pues el riesgo provenía de un enemigo con rostro sonriente y dulce y no de un adversario inspirando terror y odio.
Es por eso que debemos temer ahora al hecho de que el sometimiento y el control de nuestras mentes no se conquisten por la seducción, no mediante una orden sino por nuestro propio deseo; no por la amenaza al castigo sino por nuestra propia sed de placer.
Síntesis de escritos de Ignacio Ramonet.


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